En muchas películas documentales, los archivos no son un simple complemento: son el corazón palpitante que conecta pasado y presente, voz y memoria. Cuando trabajo o pienso en cómo se montan los archivos en un documental me interesa tanto la dimensión técnica como la ética y la poética de su presencia. ¿Cómo se elige un trozo de noticia, una foto de familia, una grabación casera o una secuencia de cine mudo? ¿Qué significa esa elección para la narración y para las personas retratadas? Aquí comparto algunas reflexiones y prácticas que he ido reuniendo a lo largo de años de visionados, entrevistas con realizadores y programación de ciclos documentales.

El archivo como material y como personaje

Primero conviene entender que el archivo funciona en dos niveles: como material (imágenes, sonidos, textos) y como personaje (testigo, evidencia, contrapeso, memoria). Al montar, el reto es tratar esos materiales con la misma atención que se daría a una actuación en directo o a una entrevista clave: su textura, su duración, su contexto y su carga emocional influyen en cómo el público leerá la película.

Una regla que me gusta recordar: los archivos hablan, pero hay que darles permiso para hacerlo. Un plano de archivo puede exigir silencio, voz en off, subtítulos, una pista musical o incluso su propia autonomía dentro de la estructura del montaje. Cada decisión altera su sentido.

Selección: qué entra y qué se queda fuera

La selección es el primer acto de montaje. Aquí algunas preguntas que me parece útil hacerse:

  • ¿Este archivo aporta información nueva o profundiza una emoción ya establecida?
  • ¿Su estética (ruido, grano, color) funciona como contraste o como continuidad con el material contemporáneo?
  • ¿Hay consideraciones legales o éticas (derechos, consentimiento, daño potencial) que impidan su uso?
  • Seleccionar no es sólo escoger lo más espectacular, sino decidir qué fragmento contribuye a la posición narrativa del documental. A menudo un detalle aparentemente banal —una placa en la pared, un apretón de manos, un plano general mal encuadrado— abre posibilidades interpretativas que un titular dramático no ofrecería.

    La restauración y la limpieza: balance entre respeto y legibilidad

    Muchos directores se enfrentan a la tentación de “limpiar” demasiado los materiales de archivo: eliminar ruido, corregir color, estabilizar imagen. Técnicamente, programas como DaVinci Resolve o Adobe Premiere ofrecen herramientas potentes para mejora; sin embargo, cada intervención es una intervención interpretativa.

    He escuchado a realizadores decir que prefieren mantener la pátina del tiempo porque aporta autenticidad; otros optan por restaurar para que el archivo sea legible para una audiencia contemporánea. Personalmente, abogo por un equilibrio: limpiar lo necesario para que la información o la emoción lleguen, pero mantener rasgos que testimonien la temporalidad del material. Esa fragilidad puede ser tan elocuente como la propia imagen.

    Montaje y ritmo: cómo insertar un archivo dentro de la narración

    El modo en que los archivos se suceden determina el pulso del documental. Algunas estrategias habituales:

  • Inserción puntual: el archivo aparece como evidencia o punto de inflexión en la trama.
  • Montaje contrapuntístico: archivos que se yuxtaponen para crear disonancias o ironías (por ejemplo, imágenes de celebraciones junto a noticias trágicas del mismo periodo).
  • Cúmulos de archivo: secuencias hechas exclusivamente de materiales de archivo que construyen una temporalidad autónoma.
  • El ritmo importa. Un corte demasiado abrupto puede convertir un archivo en un “pegote” informativo; un fundido sostenido puede convertirlo en un momento meditativo. Me gusta cuando el archivo actúa como puente: no sólo ilustra, sino que tensiona la voz en off o la entrevista, obligando al espectador a reevaluar lo dicho.

    Relación con la voz y la banda sonora

    Los archivos dialogan con la banda sonora. A veces la música subraya su carga emotiva; otras, el silencio los vuelve más ominosos. Un recurso que uso frecuentemente en programación y análisis es observar cómo la banda sonora puede re-significar archivos: la misma secuencia puede leerse como heroica, trágica o irónica según la música que la acompañe.

    La voz en off también modela la percepción del archivo. Una narración que contextualiza demasiado puede neutralizar la potencia abierta del archivo; por el contrario, una narración que deja al archivo hablar por sí mismo respeta la polisemia del material.

    Ética y memoria: derechos, consentimiento y representación

    No puedo dejar de insistir en la dimensión ética. Usar archivos implica responsabilidad: ¿estamos re-victimizando a alguien? ¿exponiendo una comunidad sin su consentimiento? ¿deformando la historia con cortes fuera de contexto?

    Algunos hábitos prácticos que aplico y recomiendo:

  • Documentar el origen del archivo: fecha, autor, condiciones de grabación.
  • Consultar con personas representadas o sus familiares si es posible.
  • Evitar ensamblajes que puedan desacreditar hechos sin pruebas.
  • Tipos de archivo y su carga específica

    TipoCaracterísticasUso común
    Noticias y reportajesFormal, institucional, editorializadoEvidencia, cronología, contraste
    Grabaciones caserasÍntimo, imperfecto, emocionalHumanizar, mostrar cotidianidad
    FotografíasCongeladas, simbólicasEvocar, punctuar
    Documentos escritosTextual, verificablePrueba, contexto histórico

    Experimentación: cuando el archivo es materia para la forma

    En los documentales más arriesgados, el archivo deja de ser ilustración para convertirse en materia de experimentación. Pienso en obras que refragmentan noticias, que aceleran o desaceleran casetes, que multiplican y superponen imágenes para crear constelaciones de sentido. Estas prácticas ponen en primer plano la materialidad del archivo y cuestionan la idea de una memoria única.

    Como programadora, disfruto especialmente de estas propuestas porque obligan al público a participar activamente: no se les entrega la lectura, sino que se les invita a reconstruir significados.

    Recomendaciones prácticas para realizadores emergentes

  • Organiza metadatos desde el principio: una buena base de datos de archivos ahorra semanas de búsqueda.
  • Prioriza el contexto documental: conserva notas sobre quién, cuándo y por qué se produjo cada archivo.
  • Dialoga con archiveros y bibliotecas: su experiencia te ayudará a localizar permisos y materiales menos conocidos.
  • Considera la estética del archivo como una elección narrativa: pregunta siempre “¿qué quiere decir esto aquí?”
  • En Dokfilms hablamos mucho de cómo estos gestos de montaje influyen en la recepción pública y en la memoria colectiva. Para mí, el poder del archivo en el cine documental reside en su capacidad para tocar lo real y, al mismo tiempo, mostrar que lo real siempre está mediado: por la mirada, por el tiempo y por el montaje.