En los últimos años he observado con fascinación cómo el documental experimental se aleja de la pantalla rectangular y tradicional para abrazar lo que llamo el formato audiovisual expandido. No se trata únicamente de experimentar con el montaje o el tono: es una transformación en la relación entre imagen, espacio, sonido, cuerpo y usuario. Este cambio plantea preguntas que nos hacemos con frecuencia: ¿qué sigue siendo documental cuando la obra se despliega en una sala inmersiva, en una app interactiva o en una instalación sonora? ¿Cómo afectan estas nuevas formas a la escritura, la recepción y la difusión del documental? En este texto intento responder a esas preguntas desde la práctica y la observación, con ejemplos, dudas y propuestas.

¿Qué entendemos por formato audiovisual expandido?

Para mí, el formato audiovisual expandido es cualquier modalidad que excede la proyección lineal en una sala de cine y que incorpora dimensiones espaciales, interactivas, sonoras o digitales que transforman la experiencia. Esto incluye instalaciones en galerías, piezas de realidad virtual (VR) y realidad aumentada (AR), documentales web (webdocs), actuaciones en vivo que mezclan cine y performance, recorridos sonoros, y proyectos que se extienden a través de redes sociales o videojuegos. No es una etiqueta vacía: cada uno de estos formatos reconfigura la narración documental, la relación autor–espectador y la función del archivo.

Por qué importa: lo que gana (y lo que pierde) el documental

Cuando un documental se expande, gana capas de significado y formas de participación que la pantalla convencional no siempre permite. Pienso en obras que convierten la memoria en un espacio físico: la posibilidad de caminar alrededor de una proyección, de activar fragmentos con el cuerpo, o de perderse en una narrativa no lineal potencia una experiencia más visceral y política. El espectador deja de ser un receptor pasivo y se convierte en un co-autor de la experiencia.

Pero también hay pérdidas y riesgos. La expansión puede fragmentar la atención, dificultar el acceso (no todo el mundo puede visitar una instalación en un festival) y, en ocasiones, priorizar la estética por encima del rigor documental. Además, existe la tentación de presentar tecnología por la tecnología misma: un VR espectacular no sustituye una investigación rigurosa ni el cuidado ético de las voces representadas.

Formatos y ejemplos que muestran el cambio

  • Instalaciones audiovisuales: obras como las de Harun Farocki o Hito Steyerl que incorporan múltiples pantallas y elementos físicos para comentar el dispositivo audiovisual y la economía de la imagen.
  • Documental en VR: proyectos inmersivos que colocan al usuario en el centro de un relato, como algunas piezas para festivals de realidad virtual (e.g., Sundance New Frontier). La VR permite la empatía espacial, pero también plantea cuestiones de representación y accesibilidad.
  • Webdocs: historias que combinan texto, vídeo, mapa, y archivos interactivos. Ejemplos como "Hollow" o "The Guardian’s 360 features" muestran cómo la navegación no lineal puede enriquecer el contexto.
  • Performance documental: piezas que mezclan proyección, teatro y música en vivo, transformando la documentación en evento.
  • Recorridos sonoros y audio documental: podcasts y walkingsounds que usan el paisaje sonoro para narrar; obras que convierten la escucha en acto performativo.

Cómo se redefine la autoría y la participación

En el documental expandido he visto cómo la autoría se descentraliza. Ya no es solo el director quien decide: el diseñador de interactividad, el programador, el curador del espacio escénico, y el propio público aportan a la pieza final. Esto abre posibilidades democráticas, pero también complica la atribución y la defensa ética de la obra. ¿Quién responde si una interacción produce malestar? ¿Qué consentimiento es válido en una experiencia inmersiva donde el público puede sentirse invadido?

La participación puede ser colaborativa y comunitaria. He trabajado con proyectos que involucran comunidades en la construcción de archivos multimedia y he comprobado que el formato expandido puede ser una herramienta poderosa para visibilizar relatos marginados. Sin embargo, exige procesos de trabajo lentos, respetuosos y con acuerdos claros sobre derechos y uso de materiales.

Tecnología, accesibilidad y sostenibilidad

La tecnología abre puertas creativas: motores de videojuegos (Unity, Unreal), herramientas para VR (Oculus SDK), plataformas web (WebGL, Three.js), y software para spatial audio (Ambisonics) permiten nuevas estéticas. Aun así, hay tres puntos que siempre menciono:

  • Accesibilidad: no todas las audiencias pueden acceder a un headset VR o a una instalación en una ciudad concreta. Es imprescindible pensar en versiones paralelas (vídeo 2D, audio, transcripciones).
  • Sostenibilidad: la producción de hardware y la energía consumida por instalaciones intensivas tienen impacto ambiental. Proyectos responsables buscan soluciones híbridas y reutilizables.
  • Sostenimiento a largo plazo: ¿cómo se preserva un documental que depende de software obsoleto o de servidores? Los archivos y la conservación son desafíos técnicos y curadores.

Preguntas prácticas: cómo abordar un proyecto expandido

Si piensas en emprender un documental experimental en formato expandido, estas son las cuestiones que suelo plantear y discutir con colaboradores:

  • ¿Cuál es el núcleo narrativo o investigativo que justifica la expansión?
  • ¿Qué aporte concreto ofrece la interactividad o la inmersión a la historia?
  • ¿Quién será la audiencia y cómo asegurar su acceso?
  • ¿Qué equipos y perfiles necesitas (programador, diseñador de sonido, técnico de iluminación)?
  • ¿Cómo asegurarás el consentimiento y la ética con las personas representadas?
  • ¿Qué estrategia de preservación y documentación técnica vas a aplicar?

Festivales, exhibición y el circuito

En festivals como Documenta, IDFA, Sundance o muestras especializadas (immersive festivals), he visto cómo las obras expandidas encuentran un público abierto a la experimentación. Pero también hay nuevos espacios de exhibición: galerías, museos, centros de arte sonoro y plataformas online que programan trabajos interactivos. Para un creador esto significa diversificar estrategias de financiación y distribución: residencias artísticas, convocatorias de arte digital, fondos culturales y colaboraciones con universidades o centros de investigación pueden ser vías tan importantes como las subvenciones cinematográficas tradicionales.

Recursos y herramientas recomendadas

En mi experiencia, combinar recursos técnicos con redes curatoriales facilita el salto al formato expandido. Algunas herramientas y referencias prácticas:

  • Unity / Unreal Engine: para proyectos VR/AR interactivos.
  • Adobe Premiere / Davinci Resolve junto a software de spatial audio (Reaper con plugins Ambisonics) para piezas sonoras inmersivas.
  • Plataformas como Klynt o Racontr para webdocs sin programar desde cero.
  • Redes y labs como Furtherfield, ARS Electronica, o residencias en instituciones artísticas para apoyar la investigación.
  • Lecturas: textos sobre expanded cinema, ensayos de Claire Bishop o trabajos curatoriales sobre new media art.

Interrogantes que aún deben responderse

Hay debates abiertos que me interesan y que todavía no tienen respuestas claras. ¿Cómo medimos el impacto de una experiencia inmersiva? ¿Pueden los modelos de monetización actuales sostener proyectos complejos y de largo aliento? ¿Cómo educamos a audiencias para que el valor del documental no se reduzca a la espectacularidad tecnológica? Trabajo con estas preguntas en cada proyecto, porque creo que la expansión puede enriquecer el documental si se hace con intención, rigor y mirada crítica.

Si te interesa explorar este territorio, en Dokfilms (https://www.dokfilms.es) he ido recopilando ejemplos, entrevistas y reseñas que pueden servir de mapa. El diálogo entre cineastas, artistas, programadores y audiencias es esencial: solo así podremos entender y aprovechar, con responsabilidad, las posibilidades del audiovisual expandido.